Lunes 24 Abril 2017

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Precios devolvieron la fe a viñateros de Quillón

Los valores de la uva que superaron las expectativas de los productores y en estos momentos cuando ya va avanzada la vendimia,

los precios de la uva País en Quillón llegan a los 195 pesos por kilo. La Moscatel de Alejandría, variedad blanca, que ya está toda cosechada en la zona, alcanzó los $165. Estos valores superan con creces los pagados el año pasado, que en la misma localidad fueron de $95 y de $103 respectivamente. En lo que respecta las bajas de rendimientos por sequía, estiman estas entre 10 y 15% en esa zona.

Cabe señalar que se trata de un valor unificado porque la práctica que se está imponiendo con la compra asociativa de pequeños productores, que es la modalidad que está impulsando el Indap en la región, se contempla una reliquidación a fin de temporada, que compensa los aumentos que va registrando el producto durante la cosecha, que es lo mismo que hacen las grandes viñas con sus poderes compradores, lo que se denomina “reajuste”.

Mientras en Quillón el ambiente es festivo respecto al resultado de la temporada que está por culminar, lo que también recalcan algunos productores como Lirta Fierro de la Viña Doña Elita en Ñipas, o Mario Rojas de la Viña Valle Escondido de la misma comuna, que estiman mermas en los rencimientos de 20 a 30% y que los precios están muy buenos; hay voces disidentes como Yenny Llanos directora de las zonas de San Nicolás y Portezuelo, que habla de bajas en los rinde de 40 a 50%, que los precios pagados por la uva no dan ni para los costos del cultivo.

La directiva también habla de malas prácticas de la industria en perjuicio de los productores y de ineficiencia de Indap en el manejo de la información productiva.
Independientemente de las opiniones, los precios pagados alcanzan topes históricos, pocas veces vistos en la zona, que deberían permitir sustentar la producción. Aunque esto resulta difícil cuando se habla de costos de producción del orden de los $170 por kilo, como los que estiman dirigentes como Yenny Llanos, que no resultan viables para mantener el negocio.

En contraste, la cooperativa de Quillón, Covicen, logró este año casi duplicar sus compras del año pasado en que debutó en las adquisiciones asociativas, llegando a 4,5 millones de kilos de uva y desplazó a varios poderes compradores que se instalaron en la zona.
La cooperativa, pese a que tuvo un traspié ya que tenía planificado para este año hacer su primera vinificación asociativa con 400 mil litros de vino, en la nueva planta que están construyendo con subsidio de Indap, aplazó esta tarea para el 2018, debido a un adelanto en la temporada de cosecha de 15 días. El desfase de tiempo, les impidió tener sus nuevas instalaciones listas para cumplir el propósito.

“Si bien interfirió con los planes, en la cooperativa estimamos que es mejor hacer el proceso con más calma y aprovechar de negociar con las viñas. Las instalaciones nos permitirán el próximo año entregar mostos sulfitados, que para que la gente entienda es un jugo de uva pretratado, es decir uva con valor agregado que se utiliza en las grandes viñas para hacer vino industrial”, señaló Juan Carlos Lagos, que agregó que además de esto las instalaciones que están en terminaciones, les permitirán también hacer 400 mil litros de vino, que esperan comercializar directamente o exportar.

Cabe señalar que con la nueva modalidad de compra y vinificación asociativa apoyada por Indap, que financia parte importante de los proyectos, la idea es transparentar el negocio del vino y la producción de uva vinífera y dar cabida a que los pequeños productores tengan la oportunidad de participar en la puesta en valor de los vinos del Valle del Itata, que ya atraen a los grandes inversionistas a la zona, como lo ha señalado el director regional del Instituto Andrés Castillo.

Tanto el representante de Covicen, Juan Carlos Lagos, como el Indap, descartan que el efecto de los precios de este año de la uva tenga alguna relación con la aparición de las compras asociativas de uvas de la pequeña viticultura. La causa está en una situación de mercado, con baja de stock y demanda insatisfecha de uva, especialmente de uva tinta.

Pero en la región se nota un cambio de política frente a la pequeña viticultura, donde la postura histórica se enfocaba por solucionar los problemas de precios de la uva con bonificaciones y con inversión en infraestructura en forma individual, y ahora apunta a un modelo de fomento productivo asociativo.

Según lo ha confirmado Juan Carlos Lagos, no es un camino fácil el del trabajo colectivo, sobre todo en un ambiente donde prima el individualismo, pero que cuando se trabaja con seriedad y se constituye una organización potente, se logra una base de confianza que habla por si misma.

El dirigente cree en la calidad de las cepas patrimoniales de la región como materia prima y en la capacidad de una mejora continua de los productores de su organización.

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