Jueves 14 Diciembre 2017

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Presentan libro sobre el cura que asistió al Chacal de Nahueltoro

El sacerdote que actualmente vive en San Carlos, cumplió su ministerio en las Diócesis de Chillán, Los Ángeles, Calama y Antofagasta.

Además, se le recuerda por haber asistido espiritualmente en la cárcel de Chillán a Jorge del Carmen Valenzuela, conocido como "El Chacal de Nahueltoro", fusilado en 1963.

En el marco del programa de Semana Santa 2017, el obispo Carlos Pellegrin, encabezó junto a un grupo de laicos y religiosos, la presentación del libro testimonial de la vida del cura Eloy Parra, reconocido sacerdote de la Diócesis de Chillán por su vida ministerial en nuestra zona y en otros puntos del país.

María Susana Maldonado, autora del libro “Padre Eloy: Memoria agradecida”, fue quien entregó detalles del texto que reúne más de 150 testimonios de distintas personas de Ñuble que conocieron de cerca al sacerdote, al que se le recuerda por haber asistido espiritualmente en la cárcel de Chillán a Jorge del Carmen Valenzuela, conocido como el “Chacal de Nahueltoro”, fusilado en 1963.

Se trató de un trabajo de largo aliento, pero que viene a cumplir el anhelo de su autora de entregar un homenaje en vida al clérigo que entre otras misiones, le correspondió recibir en la Arquidiócesis de Antofagasta al Papa Juan Pablo II, quien hace exactamente 30 años visitó nuestro país, tal como se retrata en las páginas finales del texto. “Pienso que todos merecemos que nos recuerden y nos homenajeen, en vida. Lo ideal hubiese sido que el padre Eloy estuviese vigente para que hubiese sabido de esto”, confiesa la autora quien conoció al sacerdote hace 16 años.

Agrega que “el haber terminado este libro para mí fue un alivio, y ahora al ver que la gente está interesada y con tanto revuelo, me deja muy feliz, porque tuve momentos bien ingratos… algunos que fueron menos, y otros momentos muy gratos, sobre todo cuando la gente testimoniaba emocionada”, comenta Susana Maldonado.

Actualmente el Padre Eloy, a sus 86 años y debido a su delicado estado de salud, permanece bajo el cuidado de las religiosas  Hospitalarias del Sagrado Corazón aquí en San Carlos.

Una vida entera entregada al servicio pastoral

“Colaboré con la escritora y sé de su trabajo abnegado, de su sacrificio, de los viajes que ella hizo, ya que Eloy Parra estuvo en varios lugares, además de Ñuble, tales como Los Ángeles, Calama y en Antofagasta donde llegó a ser Vicario General. Los testimonios en este libro resaltan mucho una característica del padre Eloy la cual es entregarse por entero. Él siempre decía que era un pecado descansar", confidenció el Padre Raúl Manríquez, quien es el autor del prólogo de “Padre Eloy: Memoria agradecida”.

Desde su ordenación, el 01 de enero de 1956, el padre Eloy realizó una amplia vida ministerial, partiendo como vicario parroquial de Coihueco. Luego se le llamó a servir como párroco de San Carlos Borromeo. 

A inicios de la década del ’60, es trasladado a Chillán. Participa de la fundación de las Poblaciones de CORVI, siendo llamado a la evangelización de esos sectores poblacionales. Es así como se transforma en el fundador y primer párroco de Sagrada Familia, asentada en el corazón de la Población Purén, con la ayuda de los religiosos Hijos de Jesús. En su paso por dicha comunidad construyó el templo parroquial; se crea el culto permanente; se preocupa por inyectar vida a través de las organizaciones juveniles; pone en marcha la acción social; y da un fuerte impulso a la catequesis de niños y familiar.

Paralelamente, sirve como capellán en la cárcel de Chillán, siendo testigo de la condena al patíbulo de Jorge del Carmen Valenzuela, más recordado como el “El Canaca” o “El Chacal de Nahueltoro”, una triste experiencia que marcó su vida.

Cuando se fundó en 1965 el Liceo Martín Ruiz de Gamboa, sirvió de profesor de religión y filosofía. Vinculado a un selecto grupo de profesores que participó activamente en la reforma educacional del Presidente Frei Montalva, formó el Departamento de Educadores Cristianos del Obispado de Chillán.

En su afán misionero el cura Eloy Parra, en 1970 se va a la diócesis de Los Ángeles y en los años 1974 y 1975 permanece en Calama apoyando a monseñor Juan Luis Ysern de Arce en la defensa y pastoral de los derechos humanos. Durante 1976 estuvo en Chillán a cargo de la Capilla San José Obrero y la Parroquia de Chillán. Desde 1977 a 1993 permanece como párroco y vicario general en la arquidiócesis de Antofagasta, donde en el año 1987 le corresponde recibir al Papa Juan Pablo II en la Cárcel de dicha ciudad, en la misa de despedida de Chile.

Tras su regreso definitivo a Chillán, se le pide acompañar a los nuevos barrios que surgen en el sector oriente de la ciudad. En el año 1994, funda la Parroquia Buen Pastor, donde permaneció por siete años. Entonces, se preocupó de alzar importantes obras como la construcción del templo parroquial y siete capillas, el Colegio San José y la Radio Comunitaria Buen Pastor.

Tras su paso por la Parroquia Buen Pastor, y un legado ministerial que cosechó muchos buenos frutos en las distintas comunidades donde se desenvolvió pastoralmente, dio inicio a su tiempo de ministerio libre. Sin embargo, eso no significó que dejara su ajetreada rutina diaria, pues pasó poco tiempo antes de que iniciara una nueva labor de evangelización en nuevos barrios del sector nororiente de Chillán, apoyando la labor de la Parroquia San Pablo. 

Lamentablemente, la complicación en su estado de salud fue mermando sus actividades pastorales, al punto de llegar a ser hospitalizado en 2006, tras cumplir sus bodas de oro sacerdotales. Luego se decidió su traslado hasta San Carlos, en donde hasta hace algunos años, acompañó con celebraciones en la Parroquia San Carlos Borromeo.

 

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