Miércoles 24 Mayo 2017

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Vocación de profesor, ¿Para qué?

Hace exactamente una semana iniciaba el viaje que en diciembre pasado comenzó,

al enterarme que había sido seleccionada en la XIX versión de Pasantías Culturales de la Fundación Futuro, la cual se titulaba “La ciudad, un espacio educativo”, a la cual como profesora de historia del CEIA San Carlos postulé gracias a mi desempeño en dicho establecimiento. Inmediatamente pensé en que se trataba de una excelente oportunidad que tal como yo, aprovecha un gran número de profesores, para capacitarse con el objeto de crecer profesionalmente durante este tiempo de receso estudiantil. Las muestras de felicitaciones de mis colegas no tardaron en llegar, al igual que de mis superiores. Lo que no era de esperarse, fue la lamentable realidad que ocurre a muchos de los docentes que se desempeñan tanto en la educación pública como privada, y es la de ser notificada que el año siguiente no contaría con horario de trabajo.

Ocurren dos situaciones frente a esta realidad, que nos aqueja a todos los que servimos a la comunidad, a través del trabajo público. La primera es la difícil tarea de enfrentarse a un mercado laboral sobre saturado, en especial mi mención de Historia y Geografía, al punto de recibir consejos de dedicarme a otras labores por parte de mis superiores. La competencia es feroz, sobre todo para quienes tienen familia, deudas, enfermedades y otras complicaciones económicas en las cuales agradecida de la vida, no me ha tocado sobrellevar aún. Por otro lado la frustración de estar perfeccionando y capacitándome continuamente, lo que lleva a pensar si dicho esfuerzo de quienes con recursos propios, aspiramos a ser “los mejores” en nuestras disciplinas, realmente es valorado por las autoridades pertinentes. En cada clase, curso y taller que nos encontramos, los profesores pensamos y dedicamos nuestro espíritu en nuestros estudiantes, cómo mejorar cada día en pos de ellos y la educación, sobre todo en la tan menospreciada enseñanza pública, la cual orgullosamente fui parte.

Por último, mi deseo con estas palabras, es la de llegar a los ciudadanos, que conozcan las realidades de los profesores de nuestro San Carlos, que las tan comentadas “vacaciones” de casi dos meses, en muchas instancias se transforman en una verdadera incertidumbre y suplicio, de inseguridades para quienes solo cuentan con una promesa de palabra de continuar trabajando, otros como es mi caso, postulando a cuanto aviso aparece en prensa y bolsas de trabajo y en los casos más lamentables, terminan en cuanto se acaba el año lectivo escolar, para no volver. Ante esto queda preguntarse, ¿cuál es el descanso de los profesionales de la educación? ¿Solo basta con la tan popular idea de que los profesores deben trabajar por y con vocación? ¿Cuándo se hará el real reconocimiento de nuestra amada labor? Las respuestas, espero tenerlas en marzo próximo.

Carolina Marín Bastías

Profesora de Historia y Geografía

Magíster © en Historia Política y Relaciones Internacionales