Domingo 19 Noviembre 2017

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La germanofilia chilena, las complicidades,

acciones judiciales y matonezcas de jerarcas de la Colonia Dignidad, así como la negligencia del Estado de Chile y Alemania, son algunas de las explicaciones que, en parte, permiten entender por qué no se le prestó escucha y apoyo oportuno a las víctimas, si desde la década de los 60’s venían denunciando y entregando contundentes evidencias de los crímenes sufridos al interior del sistema sectario de Schäfer. Desde mediados de los 70’s, además, se sumaron las denuncias de víctimas de secuestro, tortura y asesinato, en el contexto de las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por la dictadura cívico-militar.

Casi medio siglo de víctimas denunciando y entregando evidencias contundentes en Chile y en el extranjero sobre los crímenes, que solo encontraron impunidad hacia los victimarios y silencio de ambos Estados frente a su situación de víctimas.

Era principio de los años 90’s y a pesar que el Informe Rettig había señalado que en el enclave alemán se habían cometido gravísimas violaciones a los DDHH y que el mismo presidente Aylwin dictaminó la cancelación de la personalidad jurídica a la Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad, los crímenes contra niños y niñas, ciudadanos chilenos y alemanes se siguieron cometiendo. Vino entonces el primer logro judicial para las víctimas, cuando en 1996 de mano de la valentía de niños chilenos y de sus familias campesinas, quienes persistieron en la búsqueda de justicia contra el poderío de Schäfer y sus aliados. El líder de la secta huye de la justicia chilena, tal como lo hizo antes de llegar a Chile, escapando de la justicia alemana. La huida dura varios otros años. Hasta que en marzo de 2005 es capturado en Argentina. Hasta ahí la historia nos suena más o menos conocida gracias a la amplia cobertura que tuvo por la prensa de ese entonces.

¿Pero qué ha pasado desde entonces con las víctimas? ¿Cuáles han sido las medidas de reparación? ¿Qué han hecho ambos Estados para terminar con casi medio siglo de acciones criminales en este enclave? Hasta ahora, bastante poco (por no decir nada).

¿Pero qué ha pasado desde entonces con las víctimas? ¿Cuáles han sido las medidas de reparación? ¿Qué han hecho ambos Estados para terminar con casi medio siglo de acciones criminales en este enclave? Hasta ahora, bastante poco (por no decir nada). Un triste capítulo post era Schäfer fue el que se escribió con el paso de Hermann Schwember, delegado presidencial del gobierno de Chile entre 2005 y 2006.

Las víctimas de violaciones a los derechos humanos de la Colonia Dignidad, han tenido que arreglárselas con las políticas de reparación post dictadura, pero de verdad y justicia, aún muchos puntos suspensivos y, protestar una y otra vez para que ese lugar deje de ser un centro turístico, frente a la indiferencia de autoridades y de la sociedad.

Las víctimas chilenas y alemanas de la pederastía, trabajo esclavo, torturas físicas y psicológicas que fueron sometidas al sistema de Schäfer, han tenido distintos cursos: algunas han intentado vivir una nueva vida lejos de ese lugar e historia de horror y han iniciado sus vidas en Chile, Alemania u otros países con el daño a cuestas, sin un programa especializado de reinserción y de reparación. Otras, han vuelto a la ex Colonia por la imposibilidad de insertare en una sociedad que no generó los mecanismos para su inserción, otras han seguido viviendo ahí y para ellas, el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán a través de la Embajada ha generado “algunas medidas de apoyo psicosocial”. Sin embargo, la gran incógnita hasta ahora, con todos los grises que tiene el caso, es quiénes, cuántas son y en qué situación se encuentran las víctimas de este oscuro capítulo de la historia reciente chilena y alemana.
Hace casi una semana el Bundestag aprobó de manera unánime una moción parlamentaria instando al gobierno Federal para ir en ayuda a las víctimas de la Colonia Dignidad, sin lugar a dudas un gran avance en esta historia. El texto que está disponible y que han replicado algunos medios locales, ha resultado “casi indiferente” para las autoridades chilenas. Hasta ahora, solo silencio.