Lunes 20 Noviembre 2017

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Las palabras y su poder creativo…

Algo que ha sido clave en mi vida, fue el entender el

poder creativo que tienen las palabras y como estas pueden ser usadas para edificación o en su extremo opuesto, para la total destrucción no sólo de personas, sino también de países, pueblos o naciones.

Es tan simple abrir nuestra boca y dejar salir -con tanta facilidad y fluidez- palabras que podrían crear oraciones devastadoras, ignorando el daño o impacto que estas pueden tener en el otro, considerando que cada ser un humano -de acuerdo con su cultura, historia familiar y experiencias de vida- generará un filtro que es único e irrepetible, por el cuál interpretará cada situación, evento o suceso que experimente desde su propia singularidad.

Hagamos el ejercicio, reflexionemos sobre cuáles son esas creencias o cuentos que cada uno construyo en su propia infancia y cómo estas nos definieron como personas; que pensemos en lo que nos dijeron o lo que nosotros mismos nos dijimos, y ver cómo estas declaraciones -que funcionaron como un hechizo en nuestra vida- son las que en algunos casos, nos han llegado a limitar en lo que tanto hemos soñado y anhelado crear.
Me refiero a los “soy tonto”, “soy malo”, “soy feo”, “soy poco importante”, “no soy capaz “, o al “no me lo merezco” o incluso él “no me quieren”, como tantas otras frases limitantes que nos pudieron marcar y que a esta altura se pueden transformar en verdaderas cadenas y amarras que nos tienen alejados de quienes somos realmente y quienes vinimos a ser a esta vida.

El cuento del “Elefante Encadenado” de Julio Bucay, grafica esta situación a través de la vida de un elefante de Circo, que para que no se escapara, creció desde chico con su pata amarrada a una pequeña estaca de madera, de la cuál intento zafarse varias veces sin resultado, validando y estableciendo la creencia de que por más que lo intentara, “no puedo”. Pero con el paso del tiempo - pesando varias toneladas ya- este elefante seguía amarrado de la misma forma y con la misma estaca pequeña de madera… ¿por qué él ahora no huía? Si tenía la fuerza y ya la podía mover, ¿por qué no lo intentaba? El punto es que el “hechizo” seguía, ya que él estaba en esa “zona cómoda o de confort” que muchas veces nos hemos encontrado, donde la impotencia, la resignación y miedo a fallar, son mucho más potentes que el deseo o intención de volver a intentar cambiar las cosas y resignificar esta creencia, con que un “sí, puedo”.

¿Cuántos de nosotros hemos vivido esto? ¿Cuáles son las áreas de nuestra vida que hemos visto con estacas que no nos permiten ser libres y felices? ¿Cuántos sueños o iniciativas hemos desechados antes de ni siquiera realmente intentarlo?

Entonces, si somos todos personas… ¿Qué nos hace diferente a una persona con discapacidad, una persona migrante, de pueblos originarios, LGTB, etc.? Manteniendo la analogía, somos el mismo elefante, pero con distintas estacas. ¿Pero para qué nuestra sociedad querría elegir poner nuevas y más estacas a todas estas comunidades, creando etiquetas, estereotipos y levantando muros y barreras para que accedan a una plena y total participación de nuestra sociedad?

Las palabras tienen un gran e ilimitado poder creativo, la invitación es que lo usemos desde la integridad, la búsqueda de justicia y amor. Incluso en la Biblia, el mandamiento que lo resume todo es “ama a tu prójimo como a ti mismo”, suena cliché, pero la verdad es que la única forma que nos transformemos como sociedad es que cada uno de nosotros esté dispuesto a derribar esos muros de desconfianza, miedo y juicio hacia uno mismo; para que nos aceptemos y por ende amemos. Desde ahí la aceptación a otros vendrá por consecuencia, es el paso lógico que le sigue, ese es el gran desafío al que estamos llamados, el ser empáticos e inclusivos desde nosotros mismos. Sólo así veremos la tan esperada transformación social.